Abstract
A un año de iniciada la pandemia por COVID-19 la crisis en los mercados de trabajo puso en evidencia los importantes déficits de trabajo decente que ya experimentaba América Latina y el Caribe. La crisis ha provocado transiciones importantes e inéditas de salida de la fuerza de trabajo, lo que ha determinado un impacto más moderado de lo esperado en la tasa de desocupación. El panorama resulta aún más preocupante al considerar que los impactos han sido desiguales y que el sendero de recuperación está siendo acompañado de una amplificación de brechas laborales y de ingresos, donde la recuperación del empleo ha estado liderada por las ocupaciones informales. En este contexto, las políticas productivas deben estar en sintonía con las políticas que estimulen la demanda de empleo, que son determinantes para transitar un sendero de crecimiento centrado en las personas. Las nuevas olas de contagio observadas en el primer trimestre de 2021 y, con ello, nuevas medidas para contenerlas, hacen aún más complejo el panorama laboral y social de la región pues la recuperación económica podría demorar más de lo previsto.