Abstract
La crisis provocada por la COVID-19 ha visibilizado la distancia que persiste en la región para el logro desistemas integrales de protección, que cuenten como base con un piso de protección social con garantíaspara el acceso universal a la salud y la seguridad económica a lo largo del ciclo vital. La cobertura deprotección social en América Latina evolucionó de manera positiva en la década previa a la pandemia.Los cotizantes aumentaron un 14 por ciento en el período 2012-2019 y la proporción de cotizantes conrelación a la población ocupada fue del 46,9 por ciento para 2019. Pero los efectos de la COVID-19 enlos niveles de cobertura fueron de magnitud, la caída de cotizantes fue de un 7,3 por ciento. En eseescenario las prestaciones no contributivas, en especial en el contexto de la pandemia, tuvieron un rolclave para reducir o evitar el incremento de la pobreza y pobreza extrema. El gasto destinado a mitigar laCOVID-19 ha permitido contener, en cierta medida, el aumento de la pobreza. A junio de 2021 se habíanimplementado 273 medidas no contributivas, de las cuales un 64 por ciento fueron programas nuevos yel resto adaptaciones de programas existentes.