Abstract
En un contexto de rápida innovación tecnológica, transición ecológica, cambios demográficos y modelos de globalización y de trabajo en evolución, la capacidad de las personas y de las sociedades para seguir aprendiendo y adaptarse a las nuevas realidades constituye un pilar fundamental de inclusión y resiliencia. Este informe plantea que el aprendizaje permanente debe considerarse una prioridad estratégica en la formulación de políticas, no solo como herramienta para potenciar la productividad y facilitar el crecimiento sostenible, sino también como factor sistémico de progreso personal y social, equidad y trabajo decente en el siglo XXI.