Abstract
La tesis de este artículo es que la fascinación excesiva por la inteligencia artificial (IA), al igual que el miedo a este fenómeno, surge de una comprensión errónea de la inteligencia humana (IH) e impide que esta última desarrolle todo su potencial. El entusiasmo actual por la IA a menudo pasa por alto una deshumanización concomitante de la propia IH. Tomando el trabajo como escenario clave en el que se forja el futuro de la inteligencia, este artículo aboga por una concepción mucho más expansiva de la IH. Se ponen de relieve sus facultades y dimensiones constitutivas, señalando también las limitaciones, a menudo olvidadas, de la IA. Los autores sostienen que este momento crucial de transición y sus innumerables desafíos brindan una singular oportunidad para cultivar, en el trabajo, las dimensiones intrínsecamente humanas de la inteligencia, que no solo permanecen en gran medida desaprovechadas, sino que también son esenciales para humanizar la vida laboral.