Abstract
A comienzos del decenio de los ochenta, Chile fue pionero en América Latina en acometer reformas estructurales que privatizaron total o parcialmente los sistemas de pensiones y salud e inspiraron cambios similares en la mitad de la región y en otros países del mundo. Las reformas fueron implantadas sin diálogo social, redujeron la solidaridad y la equidad, y agudizaron la pobreza y la desigualdad. Los gobiernos democráticos han subsanado durante los últimos dieciocho años muchas fallas de diseño en las reformas originales de salud, pensiones y asistencia sociales. El autor analiza el progreso realizado, las inequidades sociales que persisten en cuanto a cobertura, género y financiamiento, y los retos pendientes.