Abstract
Este documento examina las respuestas a los déficits de trabajo decente que sufren los venezolanos desplazados en Colombia y Brasil. Ambos países han ofrecido ya un estatus migratorio regular a casi todos los migrantes y refugiados venezolanos, el cual incluye permisos de trabajo y derechos como trabajadores. Aunque estos permisos han traído consigo importantes beneficios, muchos venezolanos continúan trabajando en condiciones considerablemente peores que las de sus pares locales. En general, se entiende que parte de la solución consiste en facilitar el reconocimiento de las credenciales educativas y profesionales de los venezolanos, de manera tal que puedan acceder a empleos formales altamente cualificados. Es importante abrir estas posibilidades a quienes reúnan los requisitos necesarios. Sin embargo, la mayoría de los refugiados y migrantes venezolanos en Colombia y Brasil solo tienen educación de nivel secundario o menor, y es probable que permanezcan en sectores informales y formales con bajos salarios en un futuro previsible. Para mejorar sus condiciones de trabajo, se requerirá de esfuerzos para hacer cumplir los derechos laborales y aumentar la representación de los trabajadores que se encuentran en la base del mercado de trabajo. Tras casi una década desde el inicio de la diáspora, los venezolanos desplazados están tratando de avanzar hacia este objetivo con el apoyo de la sociedad civil, los sindicatos y sus propias asociaciones. Estos esfuerzos han sido poco documentados. En este artículo, se ilustra la importancia de la organización de los trabajadores migrantes y refugiados mediante un estudio de caso en Colombia y uno en Brasil, y se hace un llamado a incrementar el apoyo a este tipo de iniciativas como uno de los pilares de los esfuerzos por promover el trabajo decente para los venezolanos desplazados en América Latina y el Caribe, así como para los demás trabajadores refugiados, migrantes y locales que trabajan junto con ellos.