Abstract
Costa Rica ha sido tradicionalmente un país de destino de personas trabajadoras migrantes, siendo uno de los pocos países con inmigración neta en la región. Esto puede atribuirse a su favorable desarrollo económico y estabilidad política, factores que han sido clave para atraer a personas de Nicaragua, Panamá, El Salvador, Colombia y Venezuela. Especialmente significativa es la migración laboral de personas indígenas Ngäbe (desde Panamá) y Miskita (desde Nicaragua), quienes se integran mayoritariamente al sector agrícola. En el caso de la población indígena Ngäbe, se estima que entre 10 000 y 14 000 cruzan la frontera cada año durante la temporada de cosecha para trabajar en plantaciones de café, caña de azúcar y plátano.