Abstract
En la sociedad del conocimiento, los cambios profundos en la producción de saberes se crean en el marco de una espiral de aprendizajes que son realimentados por el sistema productivo, los saberes y las competencias de los trabajadores, el sistema educativo y de formación a lo largo de la vida. Toda época de cambios tecnológicos no depende solamente de las inversiones en tecnología, sino también del fortalecimiento y el desarrollo de los sistemas educativos formales e informales y de políticas públicas que incentiven los sectores de actividad estratégicos. La productividad y la eficiencia se basan cada vez menos en la intensidad del trabajo físico y cada vez más en la intensidad del conocimiento aplicado. En la actual “revolución tecnológica”, importa la exigencia de capacidades abiertas al aprendizaje permanente y a la transmisión de saberes y de experiencias. Estas nuevas competencias implican capacidades cognitivas más sofisticadas, capacidades de interpretación, de traducción a algoritmos y fórmulas codificadas para la programación de equipos inteligentes. Los trabajadores deben ser capaces de integrar conocimientos que proceden de diversas áreas de estudio y actuación, de generar juicios críticos a partir de informaciones que pueden ser incompletas o limitadas para tomar decisiones que involucran valoraciones éticas, sociales y productivas. Se les exige autonomía y autorresponsabilidad por sus actos. Se les requerirá competencias o habilidades cognitivas que superan la formación meramente técnica. Son “metacapacidades” que están más allá del aprendizaje de contenidos, de técnicas y de procedimientos. Son necesarias políticas públicas que inviertan fuertemente en educación en todos sus niveles, modalidades y sistemas. Para eso es imprescindible asegurar la calidad educativa desde las primeras etapas de la vida, cuando se estimulan las capacidades básicas de la escolaridad general, la educación media y media técnica, la formación profesional que vincula la formación general con el mundo del trabajo y la educación terciaria en ocupaciones de calificación media y media-alta que están en crecimiento, así como la educación universitaria y especializaciones posteriores. En este contexto importa el diálogo social como instrumento de consenso para el diseño, el desarrollo y la validación de la formación, como los Consejos Sectoriales de Formación Profesional y de Certificación de Competencias Laborales o los convenios provinciales y municipales. Será indispensable desarrollar dispositivos estratégicos para la consolidación y la renovación de un sistema deformación profesional y para la creación de un sistema de formación continua.
In the knowledge society, the deep changes in the creation of knowledge are generated within the framework of a learning spiral fed by the production system, the knowledge and competencies of the workers, the education and long-term training system. Technology change does not depend exclusively upon the investment in technology, but also on the strengthening and development of formal and informal education systems and on public policies which stimulate strategic productive sectors. Productivity and efficiency are increasingly associated with the intensity of applied knowledge and not with the intensity of physical labour. In the current “technology revolution”, the requirements of open capacities for continuous learning and the transmission of knowledge and experience are key. These new competencies imply more sophisticated cognitive capacities, interpretation capacities and capacities to translate algorithm and to codify formula for the programming of intelligent equipment. Workers should have the capability to include knowledge from various areas of study and performance, and to generate critical judgement from information which may be incomplete or limited in order to take decisions which include ethical, social and productive assessments. They should work independently and show self-responsibility. Workers should have cognitive competencies or capabilities which goes far behind the pure technical training. These “metacapacities” are far beyond the training in content, techniques and procedures. We need public policies which invest heavily in education at all level, modality and system. In order to achieve this, quality education has to be ensured starting from the first steps of life when stimulating basic capacities of general education, medium and medium-technical level of education, professional training which links general training to the world of work, and tertiary education in professions with growth potential which require medium to medium high level education, as well as in university education and further specializations. Social dialogue matters in this regard as an instrument of consensus for the design, development and validation of professional training, such as the Sectorial Councils of Professional Training and Certification of Professional Competencies or the provincial and municipal conventions. A strategic framework should be developed to consolidate and renew the professional training system and for the creation of a life-long learning system.