Abstract
La informalidad es aún una de las características del trabajo doméstico en América Latina. Por sus características, esta labor tiene particularidades que la distinguen de otras ocupaciones y tradicionalmente ha sido discriminada en los regímenes de legislación laboral. La estrategia en la región ha sido avanzar, en una primera etapa, en las reformas laborales para equiparar derechos. Garantizar el ejercicio de los mismos ha motivado un conjunto de intervenciones en el ámbito de la afiliación a la seguridad social; seguridad en el ingreso; fiscalización; incentivos económicos para el cumplimiento de la normativa; garantía del diálogo social; e información y sensibilización. Estos esfuerzos han mostrado distinto grado de integración – y de resultados– según los países. La magnitud de los rezagos que recaen sobre el trabajo doméstico indica un extenso camino por recorrer.